El escenario de pandemia fue catalizador de nuevos tipos de delitos financieros.

Desde que comenzó la pandemia en 2020, fuimos testigos de una aceleración de sucesivos cambios en los modelos de negocios en varios sectores de la economía mundial. Muchos de esos cambios ya existían en la agenda de gobiernos y empresas, por ejemplo: Gobierno digital con trámites a distancia, e-Government, home-office, digitalización de documentos, Banca Digital, Fintech para inclusión financiera, firma digital, entre otros. Pero a un ritmo de adopción asimétrico según el grado de desarrollo de los distintos países, y a su vez, fronteras adentro, de acuerdo al grado de sofisticación de los procesos y el segmento de negocios.

Las industrias de la Economía del Conocimiento llevaban la delantera por ejemplo en metodologías de trabajo mixtas (remotas y presenciales) en muchos casos alineadas a políticas de recursos humanos promoviendo el “Work-Life-Balance”.

El Covid-19 se asemeja a lo que en química conocemos como un “catalizador”, es decir, una sustancia que acelera una reacción. La pandemia aceleró un proceso que en forma natural se iría dando a más largo plazo. Efectivamente, la pandemia global Covid-19 funcionó como un catalizador, que aceleró cambios socio-económicos y culturales en los procesos de diversas actividades relacionadas al plano de los negocios, del ocio, la educación, el comportamiento ciudadano, etc.

Covid- 19 y riesgos asociados de Compliance.

La pandemia trajo consigo riesgos asociados más sofisticados como el ciber-crimen, fraude, probabilidad de hechos de corrupción, etc. Todo esto detallado en los papers del GAFI.

El escenario global y local de pandemia es factor de activación de criminales que utilizan las nuevas tecnologías o nuevos canales de atención a distancia (Fintech, Banca Digital, activos virtuales como cripto-monedas, etc.) para crimenes transnacionales.

Definitivamente nuevos desafíos para desarrollar innovaciones que alerten y mitiguen nuevas metodologías de criminalidad en el lavado de activos y financiamiento del terrorismo, fraude corporativo y nuevos delitos precedentes.

Actividades fraudulentas que han incrementado.

A los canales remotos de atención, que ya forman parte de los modelos de negocios desde hace mucho tiempo, se sumaron la diversificación de las oficinas producto del home-office, lo que significó un desafío mayúsculo para las entidades financieras y sus áreas de IT, en cómo asegurar los procesos de confidencialidad de la información en todas sus formas, siendo que los datos de sus clientes conforman un activo invaluable cuya divulgación podrían ser caldo de cultivos de estafas y fraudes.

Reportes del Financial Action Task Force dan cuenta en ciertos indicadores, como los criminales han estado intentando, en el marco de la pandemia, sacar provecho incrementando sus actividades fraudulentas, como por ejemplo:

  • Hacerse pasar por personal de entidades financieras (a través de emails, llamados o en persona)
  • O con estafas argumentando que un familiar internado necesita acceso a datos bancarios.
  • Donaciones falsas para equipamiento sanitario con cuentas direccionadas a delincuentes.
  • Ciber-crimen utilizando técnicas de pishing emails. En este sentido FATF ha detectado varios casos reportados en el tiempo que dura la pandemia.
  • Extorsiones con pagos en Bitcoins, bloqueando archivos de computadoras.
  • Entre muchas otras.

Dar respuesta a los nuevos desafíos.

Un término que se comenzó a utilizar ampliamente hace unos años y hoy recobra fuerza es el de GLOCALIZACIÓN. El mismo implica ,desde una perspectiva económica y/o cultural, pensar con visión global y actuar localmente. Este concepto es clave para dar respuesta a los nuevos riesgos de lavado y fraude.